La música tiene el don de acercar a las personas. No entiende de fronteras, no entiende de razas, no entiende de géneros… La música es emoción, y la emoción es universal. Pero la música no es sólo una forma de distracción o de pasar el tiempo. Hoy en día se ha demostrado que proporciona múltiples beneficios en el desarrollo, el bienestar y la salud, tanto física como emocional, de los seres humanos. La música nos conecta con nosotros mismos y con los demás.

Muchos niños y jóvenes encuentran en la música una afición que les apasiona. Aquellos que se deciden a aprender a tocar un instrumento se embarcan en un viaje que, aunque divertido, requiere de mucho esfuerzo y constancia. El pertenecer a una orquesta y contribuir al sonido de la misma, no sólo les ayuda a dar sentido a todas esas horas de estudio, sino que también les permite crecer como músicos y como personas.

Las habilidades y valores que los jóvenes pueden adquirir dentro de una Joven Orquesta van mucho más allá de su educación musical propiamente dicha. Un proyecto de estas características les formará en muy diversas facetas que les ayudarán a lo largo de su vida, se dediquen o no profesionalmente a la música en un futuro. Por nombrar algunas:

  • Trabajo en equipo. En una orquesta, el músico es parte de un equipo en el que todos sus integrantes trabajan con un mismo objetivo. Su esfuerzo individual debe aunarse con el del resto de sus componentes y conseguir entre todos el mejor de los resultados. Ello contribuye a desarrollar destrezas individuales y valores necesarios para convivir en sociedad de forma participativa y respetuosa en pos de un objetivo común.
  • Organización. La dedicación a una joven orquesta requiere tiempo para ensayos, tanto individua- les como colectivos, para conciertos, etc. Ese tiempo hay que compaginarlo con el tiempo necesario para los estudios en los colegios e institutos, actividades deportivas, tiempo en familia y con amigos. Aprender a organizarse de la manera más eficiente posible se convierte en una necesidad y contribuye a priorizar las tareas.
  • Disciplina. Hace falta trabajar duro y con determinación para conseguir tocar bien un instrumento. Se necesita práctica diaria, incluso el más virtuoso la necesita. Y esa práctica no siempre es divertida, a veces son necesarios escalas y estudios repetitivos que pueden llegar a resultar tediosos. Ser disciplinado se convierte por tanto en una cualidad esencial para el joven músico. Por otra parte, la disciplina que se requiere para tocar en grupo, fomenta el respeto a unas normas de convivencia.
  • Cultura general. A la vez que los jóvenes se divierten tocando en grupo y compartiendo su amor por la música, aprenderán sobre historia musical, compositores y sus técnicas de composición, estilos musicales, etc.
  • Valores humanos. Pertenecer a una orquesta es pertenecer a un grupo en el que todos son iguales. Hay que saber escuchar, compartir, empatizar, ayudar, tolerar, valorar las potencialidades de los demás y el valor de uno mismo para lograr la creación musical entre todos. Es, a pequeña escala, una escuela de vida.